lunes, mayo 05, 2003

Ayer soñé con un lugar al que no he regresado, un pueblo pesquero que guardaba a los más extraños personajes que se internaban en un mar azulísimo para arrojar sobre la arena a los seres más fantásticos que recuerde. Universo de jejenes, de ostras pequeñas, de horizonte que se perdía en lo que los ancestros llamaban abismo. Y no he regresado, al lugar que fue casa e infierno, a la arena caliente que quema entre los dedos, a la nana del mar cuyo hechizo no permite insomnios... Aquí brilla un mar metálico, polvoso, con la firmeza propia del concreto.

[...] Pero a veces renegamos de la ciudad porque otros nombres nos inquietan, porque una fotografía o el cartel de una agencia de viajes o una sola palabra, Praga, Nueva York, Estambul, nos avisa que el mundo no se termina en el límite de nuestra mirada, y que acaso esa costumbre que llamamos lealtad no sea sino el indicio de una resignación más sombría que el fracaso[...]
Antonio Muñoz Molina (Diario del Nautilius)

domingo, mayo 04, 2003

Domingo día laboral. Enfin. Pero jugué con el vestido del blog. (ahuizotl, dios del agua, no me ahogues este lugar. Repetir tres veces. Harto milagroso).

Pues murci 3 llegó, pero disfrazado de insomnio (creo que este problemita ya está para pensarse). Sólo que esta vez, en lugar de contar reflejos en el techo trabajé, leí parte de Velódromo de Invierno y me seguí jugueteando con un programita pa mejorar este lugar (si sobra tiempo, o regresa el murci, cambio el vestido).
Me voy a imprimir unos pósters, a clausurar el asunto ese de las mujeres y a divagar sobre el tema del taller de los martes.

sábado, mayo 03, 2003

El calor provoca pensar en murciélagos. Chauve-souris, en fránces, traducido literalmente: ratón calvo. Estos animalillos-radar-ambulante suelen asociarse con castillos tenebrosos, noches espectrales de invierno y la heladez de los no-muertos. Error. Los murciélagos llegan con el calor, evocan calor, escupen calor (¿ven? por eso son calvos, pa no acalorarse).
El primer murci que me atacó fue uno inmenso, de pecho amarillo, en un portal de Chetumal. Dios, ESO era calor, así que tomábamos el fresco (¿cuál?) en el portal de la casa; y llegaban en parvadas (parvadas ¿no? vuelan como pajarracos) y gustaban de volar directo a nuestras narices para en el último momento subir a la luna (ok. atacar fue un eufemismo). Segundo murci: en una noche como ésta, donde todo se fríe y el único consuelo es meterse a la nevera, un murci breve y negro entró revoloteando, tan campante, al comedor, dio un par de vueltas (gritos histéricos) y se marchó. Sí, en la ciudad de México hay murcis, sólo que los chilangos pocas veces volteamos a ver el cielo nocturno pues las estrellas aquí son leyenda.
Ni modo, hoy no cierro la ventana. A lo mejor viene el tercer murci. Y le regalaré una peluca hecha con tiritas de papel. Sea.

viernes, mayo 02, 2003

Y:
Agregué algunos links a la lista, de por sí este bloguniverso es un laberinto y en verdad algunos sitios son muy visitables (linkeados los encuentro rápido). Uf, no llega la cena...

Hoy el reloj no guardaba segundos, sino cuartillas. Tal vez les dé igual saber qué diablos corrijo, tal vez viven de curiosidad; de las cuartillas, que poco a poco se esfuman sobre la mesa, les dejaré un trocito, una cita textual:

“Cuando realizan esos nombramientos, con la novedad que yo era la presidenta, qué bárbaro; los hombres se fueron a las cantinas, se fueron a muchos lugares de decepción de que las mujeres ganaron con su candidata”.

Los “lugares de decepción”, cantinas y burdeles, donde los hombres se van a curar el dolor; los ensayos que me traen de cabeza pertenecen a un congreso realizado entorno a la participación de las mujeres indígenas y/o rurales en la política de México. Los datos y las cifras si veo otro símbolito de porcentaje me saco los ojos), las anécdotas y los nombres sin rostro, resumen una actividad apenas incipiente y cuya finalidad no es sólo el democratizar este lugar. No. Sino el de tener agrupaciones capaces de dar solución, y prioridad, a problemáticas de género: Violencia intrafamiliar y Violencia contra mujeres. Me preguntaba cuáles eran los lugares de decepción de las mujeres.

Una de las raíces de ciertas actitudes, y la escencia de muchas consecuencias, es el miedo. Sólo quien ha sentido miedo, miedo verdadero, habrá visto la forma de un monstruo sigiloso (parecido a un pulpo) que abraza a la víctima y la sofoca lentamente hasta borrarla de cuajo. Al leer sobre factores socioeconómicos, culturales y educativos (aunque abismales) se antoja una solución viable. Pero al leer “miedo” cuesta imaginar la fórmula alquímica capaz de diluir algo tan primigenio.

Y de ahí, de nuestra vulnerabilidad, vendrá la fascinación que sentimos por él; fascinación que nos incita a buscar autores terroríficos, películas inquietantes, museos de cera, y todo aquello que provoque miedo. Será que el fin último, de verlo y sentirlo una y otra vez, es el de descubrir su oscuro mecanismo y dominarlo, someterlo como el héroe ancestral pisa la cabeza del dragón.

jueves, mayo 01, 2003

Brindis

Levanto este hilo de agua.
A vuestra salud.
Levanto esta escama de pescado
Y bebo su lágrima.

Marin Sorescu

Calor. Calle. Ensalada. Cuarto blanco. Algunos días ofrecen el breve lapso para salir del camino. Detener la carrera, lo importante, lo urgente; entonces podemos percibir las pequeñas cosas, el reflejo en otros ojos y las voces que aguardan escondidas.
Recuento. Qué palabras no se pronuncian, qué sabores serán recordados, quién nos guardará en la memoria. Y la incertidumbre nos acobarda, nos convierte en piedras de silencio.
Hay que poseer esos territorios donde todo se detiene, para asombrarnos, nuevamente, con el movimiento.

tic-tac-tic-tac que ya me tengo que meter a bañar, que tengo que ir a contar banquetas, a escupir en una alcantarilla, a fumar en la mesa de un café, regresar y no tender la cama y sentarme a la mesa donde esperan las cuartillas (todo sobre violencia y mujer), y distraerme con cualquier cosa y pensar que el resumen de los días es una secuencia de folios donde nadie ha visto el índice. tic-tac-tic-tac me voy a bañar.