Uy, domingo familiar; mi casa será sede para que todas las hermanas arrojen chispas por doquier. En esta familia no es común, esa tradición no venía incluida (será que somos familia en extinción): éramos pocos y cada vez somos menos, ja.
Curiosamente tuve amigos con sendas familias, clanes, y disfrutaba de esos domingos familiares, de las fiestas multitudinarias, de las comidas en tandas, y las ollas (tipo industrial) llenas de comida. Yo sí lo disfrutaba, pero los implicados odiaban TENER que asistir a esas celebraciones.
Enfin, manos a la obra, dos aspirinas y Café Tacuba pa animarme...
domingo, agosto 31, 2003
sábado, agosto 30, 2003
El origen de una palabra puede resultar ilustrativo, aunque su significado se haya distanciado de él. Los ilustradores del medioevo empleaban minio, disuelto en yema o clara de huevo, para colorear de rojo. Del minio derivó la palabra miniatura (así se nombra a las iluminaciones) y miniaturista (el que las realizaba).
Tengo una añeja afición a las miniaturas, y al icono del huevo, sobretodo el del huevo frito o estrellado:
Uno trata de buscar la explicación a sus obsesiones en las anécdotas de infancia. No necesariamente provienen del recuerdo asignado, mas nos gusta creer que sí.
Solía acompañar a la abuela al mercado, era una larga caminata (aún ahora es larga). No me quejaba del dolor de piernas, tal vez motivada por varios factores: ver a los pescados en los aparadores y poder tocar sus branquias, horrorizarme con los largos pescuezos de los pollos, admirar las pilas de frutas y verduras en donde yo adivinaba ciudades.
Pero lo mejor era la compra de un juguete de mercado. Venían en unas bolsitas de plástico, pegados en un cartón; juguetes baratos, de plástico, y todos en miniatura; siempre elegía el juego de sartenes: eran tres, de diferentes tamaños, el más grande mediría 3 cm. Lo que me maravillaba era la reproducción precisa de dos huevos estrellados en uno, y un solitario en el otro; el tercero tenía una superficie rugosa que emulaba frijoles refritos.
Esos juguetes ya no existen, ni la abuela, ni la infancia. Aún tengo parte de mi colección de miniaturas (las otras se perdieron en una mudanza) y esa sensación de alegría al ver huevos fritos donde sea; aunque no los como porque el sabor de la yema me manda al mismísimo baño.
Publicadas por Erika Mergruen a la/s 10:33:00 a. m. 0 comentarios
viernes, agosto 29, 2003
Descubrí a William Adolphe Bouguereau, francés, 1825-1905. Cuántas cosas no conozco, ignorancia que promete asombro continuo. Este cuadro ya lo tengo en mi galeria personal.
Publicadas por Erika Mergruen a la/s 9:12:00 a. m. 0 comentarios
Seguiré enchilada, o como dice una amiga que vive en Tijuana, pero es de Matamoros haciendo chile; tuve que pedirle dinero a mi santo padre; odio pedir dinero, a quien sea ¿soberbia, vergüenza? Me han dicho: agradece que le puedes pedir. Ok. Digo ¡oh, estoy agradecida! pero la sensación de incomodidad se queda ahí (cuestiones del deber ser, creo).
Por suerte mi amigo Ricardo, el músico, me llamó para un desayuno express. Un placer oirle, es un ser luminoso. Le dieron una beca, muy merecida (a ratos la justicia existe). Me voy a echar chispas por ahí.
Publicadas por Erika Mergruen a la/s 9:06:00 a. m. 0 comentarios
jueves, agosto 28, 2003
Esta es la semana de los desencuentros; todas las citas canceladas; y las que no, se convierten en el juego de las escondidillas. Hoy amanecimos en tinieblas; salí al tráfico despeinada, sin café para la gastritis y con la ropa arrugada. Y uno que anda neurótico (más que lo acostumbrado). Pues resultó productivo, me ganó la ira. No todas las iras son tanáticas. No. Las hay telúricas; te mueven, te despiertan: son energéticas. Soy El Soldadito de Plomo, algo cojo, pero al fin y al cabo sol-da-di-to. Voy por mi fusil...
Publicadas por Erika Mergruen a la/s 1:07:00 p. m. 0 comentarios
chez morcillo
Se fue, no dejó estela alguna. Le dejó la concha nacarada para que se refugie en sueños. Me ha dado aprensión porque ayer, sobre la avenida, había manchas de caracoles destrozados: el sol las seca, las convierte en extraños rompecabezas que persisten en brillar.
Pero si dejó su concha ha de estar en algún lado. Y el que posea la concha, en sueños, podrá descifrar cada recoveco y salir de vez en vez del laberinto.
Publicadas por Erika Mergruen a la/s 12:59:00 p. m. 0 comentarios
miércoles, agosto 27, 2003
Tuve uno de esos sueños que me apagan el interruptor anímico: un restaurante, que más parecía templo, gente conocida que entraba y salía, gente que nunca he visto y que sin embargo me conocían: yo estaba sentada en una jardinera (lluvia de por medio), fumando (uts, ahora hasta en sueños fumo). Cada uno me saludaba y me dejaba “algo” para que lo guardara en mi bolso. Yo tenía muchísima hambre. Me asome al bolso, estaba repleto de cositas, cada una con una etiqueta: pulseras, fajos de dinero, un dulce, llaves, listones, la miscelánea de todos esos personajes. Y todo era fumar, la aprensión, la inquietud de saberme albacea de esos objetos; y el hambre (móndrigos, nadie me preguntó si ya había comido).
Se hizo de noche, aparecieron otros personajes (sospechosos), el tesoro peligraba; entonces entré al restaurante (que ya era aún más templo, y claro, ya no había servicio): vegetación tropical, antorchas, ídolos de piedra (uts, medio hollywoodense). Y luego un ritual nada agradable con un artefacto espeluznante. Y todo se me fue en buscar la salida apretando el bolso, hambrienta, localizando letreros neón entre la maleza; cada letrero apuntaba direcciones y estaba rematado con un verso...ringgg, despertador.
En la siguiente versión, aventaré el cabalístico bolso y entraré al susodicho restaurante, pediré una mesa, un cacho de res, una botella de vino y no hablaré con nadie... mientras lavan las cisternas veré cómo prender el interruptor.
Publicadas por Erika Mergruen a la/s 11:31:00 a. m. 0 comentarios
martes, agosto 26, 2003
Tenemos La Odisea (aventurillas de Odiseo), La Eneida (¡salve, Eneas!) y Las Cruzadas (sí, la cruz, la cruz), pero ¿dónde queda Ícaro?: tendría su La Icarada, La Icareida (para suavisar). Tal vez nadie escriba La Icarada porque su heroe no es uno, sino todos.
Ícaro no tuvo grandes aventuras, no visitó países remotos, ni venció a las hambrientas sirenas; sólo se atrevió a llegar al sol y zum, zaz, crack, se rompió.
Todos nos ponemos las alas, alguna vez, y pecamos de arrogantes, imprudentes, temerarios, ignorantes, osados; y todos caemos (dándonos en la madre como dicen aquí en mi agujero). No todos se levantan de entre los muertos, algunos se quedan desparramados para siempre; otros se quedan quietos y terrenos; y los hay que reconstruyen las alas una y otra vez.
La Icarada enseñaría que el fin último no es llegar al sol (de llegar terminaríamos algo carbonizados) sino aprender a planear por ahí. Quedaría inventar nuevos seres fantásticos para condimentar la historia...
p.d.: esta vida matutina es rarísima, me parece que las mañanas no rinden, me gustaba más ser vampirillo.
Publicadas por Erika Mergruen a la/s 11:46:00 a. m. 0 comentarios
lunes, agosto 25, 2003
Arturo Rivera (favorito del portero).
Publicadas por Erika Mergruen a la/s 9:00:00 a. m. 0 comentarios

