jueves, octubre 09, 2003

Cuenta un mito: La víspera del Día de Muertos Eulalia pidió dinero a su esposo, Juan, para preparar los alimentos y comprar los cirios. Juan se negó, el dinero es para los vivos, que ahí ella averiguara de dónde sacar. Eulalia, entristecida, elaboró tamales con harina de olote y hierbitas silvestres de la milpa. En lugar de aguardiente, ofrendó agua; en lugar de sal, caliza.
La Noche de Difuntos, Juan se fue a la cantina; el dinero es pa los vivos, ¡salud!, dos tequilas.
De regreso, muy cerca del río, vió pasar una comitiva: los primeros cantaban, reían y brillaban. Los últimos lloraban, cubiertos con sus rebozos, grises y traslúcidos. Al acercarse Juan reconoció los rostros de sus difuntos.
Corrió rumbo a su casa, despavorido. Prendió el fogón, mató un cerdo y él mismo fue temprano al nixtamal para comprar la masa de los tamales.
Esa noche montó una gran ofrenda, invitó a sus vecinos y rezó como un bendito.
Al día siguiente cayó enfermo, y no duró ni una semana. Todo había sido inútil; la noche de su tardía ofrenda, sus muertos ya habían partido.
Sea. La mezquindad es un monstruo hambriento. Con los vivos o con los muertos que cada quien se la coma con su pan, y provechito.

p.d.: odio a los mezquinos.

miércoles, octubre 08, 2003


James Nachtwey
El trabajo de este fotógrafo es inolvidable; ver su documental garantiza asombro doble: escucharlo es un privilegio (los ángeles existen).

memento mori. La sal

Solemos usar elementos para nuestros rituales, o simplemente para nuestra cotidianidad; pero desconocemos sus significados o las historias que giran alrededor. Dentro de las ofrendas cada elemento tiene un símbolo a contar. Cada uno es único.
Se comparte tanto la sal como el pan. La sal significa amistad y reunión, negarla es sinónimo de ruptura y enemistad (los aztecas negaban la sal a los tlaxcaltecas, por ejemplo). La ofrenda es re-unión, entre vivos y muertos; como condimento, regresará los sabores a la comida ofrendada, mismos que fueron tomados por los difuntos.
En otro nivel, la sal es símbolo de transmutaciones; en su dualidad es purificación, conservación; pero también corrosión y esterilidad (a las tierras yertas se les nombra también tierras saladas).
La sal conserva y purifica los alimentos, la salazón es el método más primitivo de conservación; no sólo para el consumo humano; las primeras técnicas de momificación se resumían en: sal.
En algunas casas mexicanas, en los entierros, todavía existe la costumbre de comer una pizca de sal antes de entrar al cementerio; la sal en nuestras bocas evitará que el alma del difunto (o de algún otro) se regrese, a nuestro lado, al mundo de los vivos.

martes, octubre 07, 2003

Ayer pasó el cuñado-junta-bichos; se dedica a recolectar arañas ponzoñosas para extraerles el veneno, mismo que los laboratorios compran para la elaboración de antídotos. Ver cajas con dos mil capulinas es irreal; lo real sucede cuando me topo con cualquier arañita de jardín, la mato sin dudar, no vaya a ser el diablo y sea una prófuga del cuñado.
Ayer traía una jaula repleta de ratones blancos (su pie de cría) cuyo destino es los estómagos de las tarántulas y una boa que tiene en su laboratorio.
El mundo carnívoro es implacable; sólo que al más carnívoro de todos, mi hijo, le entró su habitual espíritu redentor: pidió un ratón. Mi cuñado jamás dirá que no a la petición de animalito. Para colmo teníamos una pecera deshabitada. (Yo casi nunca digo no al espíritu redentor).
No odio a los ratones, y a las ratas citadinas guardo un gran respeto; amé a los hámsters hasta que sus muertes me anestesiaron; una en particular, la de Utopía, es inolvidable (pa que le puse ese nombre). Y otras historias ratoniles flotan en el ambiente. Ahora no me gusta agarrarlos, en fin... Rata Blanca dice hola y en mi frigo-casa duerme como lirón.

lunes, octubre 06, 2003


Magritte

Yo y Hormonitas somos incompatibles, imposible cohabitar con ella. Tenía que salir a una hora para llegar al aereopuerto, para ver a un amigo muy querido que anda en una encrucijada; me re-dormí, Hormonitas provoca un sueño de muertos; cuando vi el despertador ni en taxi llegaba.
Pero lo que tiene que ser será, ya estaba maldiciendo cuando mi amigo llamó (claro que me esperaba, cuando digo sí, es sí): no tiene boleto de enlace así que viene a la casa (sonrisas).
Y lo que no es, no fue: en el ambiente hay otros desencuentros; son como pozos en las paredes donde se escucha el eco de voces aún más amadas.
p.d.: conocer a ciertos Parásitos ha resultado gratísimo para todos, ser harto entrañable, que se repita.

domingo, octubre 05, 2003

Unos afirman que ciertas gamas de anaranjado y de púrpura equivalen al equilibrio (siempre deseado, mas harto frágil). Otros argumentan que el morado en las ofrendas alude a la iglesia cristiana, mientras que el anaranjado del cempasúchitl conserva su lado prehispánico. Los templates no pueden ser tan efímeros como una ofrenda: sus velas se extinguen, y las flores virtuales no conocen la marchitez. Pero yo no cambio esto para quitarlo en 5 días; ergo, que pinte el monitor un mes.

Luna bendita
de los insomnios

Blanco medallón
de los Endimiones

Astro fósil
que todo exilia

Celosa tumba
de Salambó.

Jules Laforgue (fragmento)

viernes, octubre 03, 2003


Giger

Le decía ayer a Rax que esta semana no fue la mejor para releer los cantos del amiguito Maldoror; exaspera los sentidos. Imagino que todo repta por ahí.
En las páginas accedemos a horrores ficticios (retratos de lo observado); pero en el mundo real (sí, que es real) chocamos contra otros horrores.
En la salida de la escuela del hijo suelen reunirse una variedad de mujeres (mamis de niños); ayer me topé con una que bien podría cohabitar en el bestiario de Lautréamont. La entidad hablaba, con gran bullicio, sobre su próximo viaje a Colombia: allá, donde otras amigas fueron operadas; decidía sobre un 36 B o 36 A. Podría decir que casi se convulsiona de la emoción; agitaba sus mechas güeras (esos tintes platinos son geniales); gesticulaba acentuando esos pliegues que se forman en las capas densas de maquillaje. Al final exclamó: Es EL sueño de toda mi vida, tener las bubis más grandes. Ante tal aberración supongo que el viento Maldoriano rugió, empecé a buscar una luna, un perro o al maldito pelo de Dios en la acera de enfrente: aghh, estoy dentro del libro.
No tengo nada en contra de la belleza, al contrario; como diría mi amigo el árbol: la belleza se agradece. Sólo que la susodicha entidad jamás será hermosa, su rostro esconde otras operaciones y esa voz de pitillo merma el artificio.
EL sueño de su vida se hará realidad, por ello, supongo, las otras mujeres festejaban y se alegraban (aleluya, aleluya); además remató con un: si me da tiempo, aprovecho y me opero la nariz. Tentada a disfrutar de dicha plenitud estuve a punto de sugerirle que pidiera al cirujano un injerto en el cerebro, callé porque no estoy segura si ya circulan en el mercado neuronas de silicona. Lo que Natura no da...
Hoy dejaré los Cantos, me centraré en los Bestiarios; eso me pasa por leer libros impíos. Y seguramente en un par de meses un 36 B aceche a la salida de la escuela. El horror... (En el espacio nadie escuchará tus gritos, Alien dixit).

jueves, octubre 02, 2003

Octubre inicia, para espantar las sombras (más bien porque no había opción) me dediqué a ser bolita metálica (como esas del Pin-ball) y rebotar por distintos puntos de la ciudad, resolviendo pendientes (amontonados por la apatía).
En una fría oficina oí recitar a un abogado la culminación de un proceso que duró un año; es irreal escuchar mentar los nombres de los muertos como si estuviesen sentados ahí. Finiquito. Salimos a Paseo de la Reforma, manifestación a la vista, y cielo despejado. Me entregaron un sobre con las fotocopias pertinentes; también dentro un Libro Pedido (que no encontraban en las cajas de la tía) que se había quedado en una maleta. Un libro de Cocina Yucateca. También tardó un año en salir.
Hasta que llegué a casa revisé el folder; la última hoja era una foto de mi primo. Fuimos cómplices: de los juegos gore, de la música de los 80, del silencio, de los te quiero sobrentendidos; pero también del temor, de la tibieza y de ese dolor culposo que nos tragamos en aquel velorio (debimos romperle su madre a la tipa aquella).
Mi primo-cómplice se mató en su moto; no falta el comentario:¡qué estupido! Cualquiera que conozca el sabor de la pasión entenderá el por qué alguien tira los dados aun frente a la posibilidad de terminar roto sobre el asfalto.
Sí. También éramos-somos cómplices de la estupidez. Buenas noches, primo.

El valiente

Ahí
donde la celeridad
es la comunión,
vértigo en los nudillos
la piel se abre.

Ahí,
donde ahuyentas el terror
de los días y veloz te elevas
como un pájaro extinto
memorioso de su cuerpo deleznable.

Ahora yaces
y heredas tu rostro encerado
a los ojos que se entornan
con tu ausencia.

Guardaré en una caja
tu rauda sombra.
El viento espira tu nombre.
Ahí,
los caminos son azules.