jueves, octubre 16, 2003



En la noche ayudé a Raúl a leer (y escoger) cuentos de niños indígenas, de todo el país y lenguas; el cuento original está en uno de tantos dialectos, el mismo alumno realizó su traducción.
Me quedé con uno dando vueltas en la cabeza: hay un iguano mágico y un trueque, ojos por flores; para recuperar los globos oculares perdidos que a su vez fueron canjeados por un par de tortillas. El problema no radicaba en conseguir ojos, sino conseguir los adecuados (o sea, los originales); unos eran chicos, otros grandes.
Me fui a la cama tardísimo elucubrando sobre el tamaño de los globos oculares y cómo cambiaría cada uno dependiendo del ojo obtenido en nuestras transacciones. Y a modo de ambientación (4 a.m.) el vecino tocaba el concierto de Supertramp, la canción lógica y todo el repertorio del concierto aquél. Cool.
Y luego me dicen que la culpa de mis insomnios es el café, ajá.

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