Sí, me falta una concha donde ocultarme; sin esternón nada duele.
Error. Siempre habrá alguien que arroje unas gotas de limón.
No importa. Mientras me retuerza soñaré con el horizonte de las perlas.
Publicadas por Erika Mergruen a la/s 10:24:00 a. m.
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