Será el haaaaam-bre, (con muchas a porque el hambre es infinita) o las horas frente al monitor (el trabajo es una bendición, ja), o será el sereno pero he decidido convertirme en un patético roedor (muy, pero muy vegetariano). Como y todo cruje en mi paladar. Y llegaré a ser un patético roedor muy verde, porque los hierbajos y las verduritas y el antojo frustrado también es verde (verdes son los celos, pero eso lo decía Yago, no el roedor patético y verde).
Ham-bre. He decidido seguir una estúpida dieta (todas merecen ese epíteto) y no precisamente por vanidad (a mi edad eso vale ma-dres ¿será?); quiero buscar mi esqueleto que se ha perdido, el muy crujiente, y ahora ruedo por las avenidas.
Mas bien temo a la diabetes y al dolor de espalda y... NO, lo que quiero es ser un roedor verde y patético para tener amiguitos frescos y atiborrados de vitaminas
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pd: quiero un chocolate
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miércoles, marzo 10, 2004
martes, marzo 09, 2004
La rueda de la fortuna, a girar...
Decía Anacreonte que la vida humana rueda inestable como los radios de una rueda de carro. A veces se antojaría quedar suspendido en un momento o en un lugar aunque sabemos que, a la larga, seríamos presas del tedio. Desde el plano cotidiano hasta los mundos inasibles de la espiritualidad todo está en constante movimiento: en la parsimonia del goteo, en la maduración de un fruto y más evidentemente en la tempestad y el incendio.
El Arcano X recuerda este movimiento constante que nos rodea y su inevitabilidad; carta de infortunios o de triunfos y en su ambivalencia posibilidad de aprendizaje y revaloración.
En una de sus representaciones medievales, sin esfinges ni monstruos de mitología, observamos al futuro rey, al rey en forma y al rey que ha perdido su trono; al joven, al hombre y al anciano; a nuestro andar simplificado.
Dice el refrán que todo lo que sube tiene que bajar; y viceversa. El misterio del movimiento radica en reconocer cuándo somos artífices del vértice y cuándo nos resta sólo esperar. Y como en toda incertidumbre, este Arcano resulta inquietante.
Publicado por Erika Mergruen en 10:19:00 p. m. 0 comentarios
lunes, marzo 08, 2004
Agata Rogalska
Desde la ingrata Balada del Narayama no había empañado mis lentes en el cine, apenas había logrado dibujar un hilillo húmedo em mi mejilla o abrillantar mis ojos de pasa con alguna película. Y ayer tuve que morderme los labios, respirar como docto en yoga y pensar que el rímel corrido es antiestético. Todo fue inútil. El Gran Pez debe conocer Narayama, aunque en Narayama los ríos son de hielo debe conocer esa montaña blanca.
No soy experta en cine ni siquiera memorizo los nombres de los directores pero intentando ser objetiva puedo decir que Big Fish es impecable. Y subjetivamente digo me ha tomado por sorpresa: así como algunos libros tuvieron extrañas repercusiones (por momentos de vida, imagino) esta película (mas bien su poética) me ha tocado: tal vez por la cercanía de los puntos de vista, tal vez por ser espejo de certezas y ausencias, o por el deseo compartido.
Y enfin, que he de repararme esta semana, pues he quedado más torcida que ayer, y que antier, y que antes que antier.
p.d.: llegará el día en que no será necesario un Día Internacional de la Mujer, ese día la celebración será doble. Sea...
Publicado por Erika Mergruen en 7:16:00 p. m. 0 comentarios
viernes, marzo 05, 2004
Hoy es el cumple del partner y no podré hacer un pastel. La agenda no dejó tiempo. Tengo aquí unos paquetes para enviar por correo, y el cronómetro listo para un viernes agitado. Pero le canjearé el pastel por un fin de semana social aunque el partner No es nadita festivo.
Y como nadie me pago tampoco tengo regalo alguno. El partner no se fija en esos detalles, que lo que no ayuda estorba. Pero yo sí, por eso tengo un nudo en el estómago y como que ya me estoy hartando de este acelere. Qué marzo, siempre amarillo y telúrico. Por el partner, salud:
Auto de fe
Nadie ha de acunar sus sueños
en la hoguera,
que la iridiscencia es asfixia
y las entrañas de los ahogados por fuego
crepitan.
En los días descubro tu reflejo.
Corazón rusiente,
sobre la palma de mi mano
oculto tu nombre flagrante,
que existen los otros y el incendio
es la brevedad del sinsentido.
Cuentan los sabios que del cielo
caen lenguas de fuego sobre el iluminado.
Mas para abrasar tus palabras
basta el aire-fuego que escaliba las paredes
y funde tu imagen con el vidrio.
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jueves, marzo 04, 2004
...y colorín colorado este golem se ha acabado. Entradita la madrugada he corregido la última palabra: quedó vidrio. Y se acabó, no más elucubraciones sobre ese golem, a otra cosa, mariposa.
Me ha quedado esa sensación de que no basta develar los universos, ni intuir las escencias, ni suspender en espacios imaginarios las sensaciones. Tener ojos observadores no basta porque al tratar de traducir todo esto en palabras, ellas no son suficientes. Y no es culpa de la frontera del morfema, sino de la voz (la mía) que las utiliza. Desearía que mi voz alcanzara grandes vuelos y fuera albatroz; mas esta voz (la que me tocó, la muy ingrata) no tiene alas, sino dos patas y corre y corre y no dice casi nada. Comprobado: terminar un golem es comprar un vacío.
Y enfin, que debería dedicarme a hacer galletitas, que en las galletitas uno encuentra consuelo, y en las palabras desaladas sólo desaliento. (Sí, la poética de las galletitas es ley).
Casi alcanzo mi agenda, tengo listos los envíos de las galeras y quedan otras cuartillas para leer (algo de divertimento). Pero hay que hacer una pausa. Me voy a desayunar con la cofradía.
Publicado por Erika Mergruen en 9:47:00 a. m. 0 comentarios
martes, marzo 02, 2004
...puede ser, puede ser, la palabra escrita es incierta (y más si pende en un blog), y para evitar confusiones: Rodrigo-poeta, claro que la presentación de Luisfe fue gozosa, y será porque en la mesa estaban dos amigos luminosos (luz-luz, que no foquitos, ni llamarada de petate), dos personas reales. Y por eso fui, a pesar del cansancio, de ser domingo, de que mi jija comitiva me abandonó y de mi estado amargosito, igualito al de un limón exprimido (chupado, mejor) puesto al sol. Y sólo por amor. Y ya diré algo del librito presentado (llevo 3 cuentos, y promete).
Mi estado no cambia, sigue amargosito como escupitajo de regaliz; y no cambiará hasta que termine estas galeras y desazolve esa listita escrita en un post-it. Mientras, me retroalimentaré con el disco de Evanescence que me prestaron...
Publicado por Erika Mergruen en 4:08:00 p. m. 0 comentarios
lunes, marzo 01, 2004
Total, ayer me abandonó mi familar-comitiva (móndrigos rajones); y ahí anduve subiendo escaleras, bajando escaleras, apartando gente, pregunte y pregunte dónde estaba la mentada sala (hasta que un mensajito me sirvió de faro). No me retracto, odio las ferias y sus gentíos, y esas caretas de ratón-de-biblioteca que, a gritos (literal), desean exhibir algunos.
Hay que admitirlo, en ciertos círculos se respira un airecillo de pedantería: está el que cita a un escritor por minuto, y el que cita párrafos enteros; está el que maneja los términos literarios aunque la conversación verse sobre guacamole; el que se presenta con infinitos títulos nobiliarios o el que sostiene el cigarrillo con aire trágico. Y todo esto arma un ambiente curioso y oteable.
La necesidad de demostración se vuelca al exterior: quiero demostrarle a él, a ella, a tod@s lo que soy (si acaso se es algo más que un ente con dos ojos, una nariz y una boca para medio hablar). Y no. Esta demostración es más íntima (me voy a demostrar que...). Pero adiestrar a nuestro yo exhibicionista es ardua tarea: unos lo intentan, pocos lo logran y los más ni siquiera conocen la diferencia.
Lo terrible de esta necesidad es que desencadena actos (y no sólo frente a bambalinas); y algunos actos arrollan afectos, empatías, creencias y la confianza que depositada en algunos personajes.
La decepción posee toda la gama de grises; y aunque ésta se aleje ya volverá porque para muchos el espectáculo debe continuar.
Otros diremos de tales demostraciones:es un afán caduco y, bien mirado, es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.
Publicado por Erika Mergruen en 12:11:00 p. m. 0 comentarios
domingo, febrero 29, 2004
Los post son ocios, y los hay doblemente ociosos. Éste es un doble-ocio, quiero tener un 29 de febrero flotando por aquí. El número 29 no tenía ni oficio ni beneficio hasta que parí un 29 de septiembre (uf, pude haber aguantado al 30, pero no, 29; qué combinación).
Y dejando a un lado mis principios, hoy me voy a la feria del libro. No voy a las dichosas ferias desde aquella vez que casi me agarro a golpes, con las de perder, con un tipo in-men-so y ra-bio-so. Sé cómo perder la compostura y pasar vergüenzas por ahí.
Hoy es 29, todo está permitido; me voy con todo e hijos por una sencilla razón: la presentación del libro de alguien que tiene un nicho importante en esta colina.
Lástima, mi monedero anda apolillado; salvo que encuentre un libro que quiere la hija bastará con ver, y sólo eso. (Y prometo no armar zafarranchos
).
Publicado por Erika Mergruen en 2:16:00 p. m. 0 comentarios
viernes, febrero 27, 2004
Con suerte, o búsqueda, podemos toparnos con el origen de ciertas palabras. Algunas son meras derivaciones de otras más antiguas, y las hay que guardan historias curiosas. Parece que la historia de la palabra jumbo es muy conocida (y yo ni en cuenta): a finales del siglo XIX llegó del áfrica un pequeño elefante a quien bautizaron Jumbo (parece que a partir de un vocablo que significaba simplemente elefante). Jumbo rotó por varios zoológicos europeos hasta que encontró casa en Inglaterra (más bien casa de ventas) donde fue adquirido por un afamado dueño de circo americano. Y fue aquí, en América donde encontró fama, que no fortuna.

Jumbo, el descomunal, el inmenso, (y todos los epítetos oceánicos que se nos ocurran) se convirtió en el eje promocional. Jumbo arriba, abajo y por todos los estados visitables de los United States. Desafortunadamente, en una de esas cargas y descargas por vía férrea, Jumbo fue atropellado por un tren.
Su dueño no se detuvo. Mando disecar a Jumbo y a ensamblar su paquidérmica osamenta. Y así como el Cid Campeador, Jumbo obtuvo gloria post mortem.
Y enfin, la piel de Jumbo zozobró en un incendio pero su osamenta sigue con el espectáculo en el Museo de Historia Natural de New York.
Conté la historia a mi hijo-azul. Le pareció tristísima. Ahora cada vez que veamos la palabra Jumbo, inevitablemente, veremos al elefante que no era tan enorme y sí de carne y hueso.

Publicado por Erika Mergruen en 10:35:00 a. m. 0 comentarios
jueves, febrero 26, 2004
Después de horas gastando retinas en cuartillas, archivos, nombres de archivos, marcaciones tipográficas, cajas, tipos y demás parafernalia del esclavo-tipógrafo, suele ocurrir que las palabras pierden su sentido. Algo así como fabricar una sordina conceptual.
Mi agenda corre: allá va, allá va. Me lleva horas de ventaja.
Y en definitiva, el teclado es una almohada incomodísima.
I've seen a Dying Eye
Run round and round a Room -
In search of Something - as it seemed -
Then Cloudier become -
And then - obscure with Fog -
And then - be soldered down
Without disclosing what it be
'Twere blessed to have seen -
Emily Dickinson
Publicado por Erika Mergruen en 6:13:00 p. m. 0 comentarios






