lunes, agosto 30, 2004

Desearía que esos símiles, metáforas y/o alegorías que aplicamos en nuestro andar se materializaran, que su textualidad no fuera sólo error de apreciación o pobreza de visión. Así, cuando alguien dijera: "es hora de doblar la esquina" "súbete al tranvía" "cámbiate de carril" "cruza el umbral" de pronto estuviésemos en esa esquina, en esa estación, en esa autopista, frente a ese portón.
Y no es así. Luego es tan fácil perderse o andar a la deriva, por días, por meses y a veces por años. Y sólo a posteriori comprobamos si dimos ese paso o nos quedamos estancados en nosotros mismos. Y es que más allá de la figura retórica, que es una tramposa jaula de oro, la realidad es una sucesión de eventos --los más imperceptibles o aparentemente nimios-- que no logramos identificar del todo hasta que el resultado es inevitable.
Y enfin, que a ratos creo ver el portón --y hasta percibo el peso de una llave en el bolso izquierdo, o derecho, es igual--, pero se esfuma, o juego a que se esfuma; o sólo lo invento y seguiré en el mismo cuarto.

viernes, agosto 27, 2004

El que conozca el significado de Aljibe, el que deja gotas por ahí y todo aquél que comparte este jugueteo acuático no se sorprenderá si el nombre Ofelia flota por aquí, toda vez que sus ojos posean el asombro de Hamlet, Prince of Denmark. No es el ahogado en sí lo que me fascina, sino su símbolo y su alegoría que no termino de asir del todo. Al ahogado lo recreo porque algo esconde: el misterio del agua. Y entiéndase por agua el universo de lo que no es tangible o lo que todavía no es nombrable. Y sí, conocía este cuadro de John Everett Millais --la Ofelia más hermosa que he visto, o la más precisa--:


John Everett Millais


Pero desconocía la historia tras el cuadro. La modelo tiene-tenía un nombre: Elizabeth Siddal. Y tras ella existe una historia nocturna de amor, desamor, láudano, palabras perdidas y un gris Rosseti. La historia de Siddal tiene tanto de Ofelia como si ese cuadro hubiera sido umbral, o premonición. Cuando modeló para Millais, flotando en una bañera, enfermó de pulmonía. Cuando decidió ser madre parió una niña muerta. Cuando se quedó dormida para siempre se llevó a la tumba un libro, no de su autoría, que años después fue exhumado --junto con ella, por supuesto--. Y lo que ella sí escribió fue quemado en una chimenea. Esta sucesión de hechos pareciera el sino de quien ha de perder su nombre verdadero para ser por siempre, en un cuadro verdísimo, la Ofelia atemporal de Shakespeare.

*nota1: La historiade Siddal y otras más se encuentran en un solo libro: El último deseo del jíbaro y otras fantasmagorías de Vicente Muñoz Puelles, regalo atinadísimo de Rax&Albert. En definitva, la Ofelia de Millais ha sido rebautizada...
**nota2: Y a propósito de seres que flotan, no dejen de leer a Guadalupe Dueñas en la actualización de osiazul.
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miércoles, agosto 25, 2004

Un virus revolotea por aquí, más que revolotear ya lo tengo en los oídos, en la garganta y más adentro: uno reconoce esa somnoliencia, ese dolorcito leve cuando se inhala. Virus malo ya derribó al partner, y la verdad no tengo ganas de yacer cual dama de las camelias. Y el hijo parece que se escapa.
Hace unos días terminé algo (mis algos, van y vienen); y la satisfacción de terminar es tan efímera y deshuesada que me pregunto cómo hago para iniciar cualquier cosa. De la brevedad se va a la vaciedad: uno termina el algo y se queda con un vacío de terror. Entonces se debe iniciar otra cosa para jugar a rellenar esos agujeritos. A eso le llamo tener espíritu de Gruyère.


Alma, esencia, instinto, seso de Gruyère. Y sí, es un clásico, un queso madurado, firme, de sabor penetrante. Pero basta rebanarlo para percatarse del engaño: agujeros por doquier y entre más se rebane más agujeros guiñan cínicamente. Vaya alegoría si se medita que la única manera de erradicar los agujeros es fundir el mentado queso.
Fundireme por ahí, creo que hoy termino de leer uno de mis regalitos del que quería ahogar aquí una historia. Ya será mañana...

lunes, agosto 23, 2004

1. Stop. Ni hablar, uno aún es festivo; este fin de semana fue largo y tuvo su gama: desde el azul cobalto hasta el anaranjado incendio. Tengo nuevos libros, y curiosamente coinciden --no porque sean el mismo repetido--, en ellos asoma extrañas imágenes de mundos subterráneos que a veces salen a la superficie. Lástima, por subirme al tren bala de los días no he podido leer ni un cachito de ellos.
2. Aquí a lado tengo un espejismo --auque lo toco, y es materia, sigo percibiéndolo como un espejismo--. Mi partner cometió la locura de regalarme el libro de Posada. Corrección: EL libro. Hace años salió la edición (clasificada como inaccesible). No sé cuántas veces lo vi, lo deseé, lo saboreé: tan alto, tan lejos, tan hermosamente rosa. Y tampoco he tenido tiempo de hojearlo con calma.
3. Hace rato subía y bajaba y subía de la colina. Hay días en que me topo con locos (y cuando digo locos es literal). Uno de estos encuentros era un diálogo entrelazado con el hecho de que yo traía grillos pal geco (ajá, el muy maldito ya quizo comer). El diálogo se interrumpia con las llamadas ficticias de un celular apagado. Las interrupciones no importaban mucho, podía admirar el catálogo de trencitas para muñecas que una señora cargaba: trencitas de pelo sintético negro rematadas con hilo rosa (del mismo rosa que el libro de Posada).
4. De fondo, El Último de la Fila (gracias eternas a Rodolfo). Canciones que no escuchaba hace años y, sin embargo, dibujan el mismo horizonte: palabras que son cansancio / pero yo te prometo inventar un lenguaje nuevo para ti / la gran pesadilla es despertar / cuando no se tiene otro lugar más allá de los sueños. Stop. Se acabó la fiesta.

viernes, agosto 20, 2004

Y sí, hoy es el cumple. Y como ya llegué a una edad en que la seriedad y la adustidad son indispensables no me queda otra que orar a mi santo patrono, e invitar a mi prójimo a hacer otro tanto. Por esto y aquello: Algunos ya lo conocen, otros lo descubrirán y sólo un puñado de ungidos han hablado con él en sueños. La luz del sendero:


san plátano y su danza ritual


qué falta de seriedad, dirán por ahí. Lo rico de esta edad es que me vale madrecitas de azúcar lo que se cuchichea por ahí... y todo aljibeño hará lo mismo, está en su naturaleza, ja.
Que para seriedades está la actualización de Osiazul: el cuento de la Yourcenar es tan azul como me siento hoy...

jueves, agosto 19, 2004

Aquí, acoplándose a las desmañanadas. No se por qué las mañanas fluyen más rapido que las madrugadas: más bien es que conforme se acerca la tarde MI velocidad se incrementa, supongo que mi ADN no incluye celdas solares, han de ser lunares (ajá, por eso estoy lunática, eso dicen las malas lenguas). Pero algo hay de orden en todo esto de las escuelas, los libros, los mil y un forros y el reloj tic-tac marcando ritmo, pa uno que es medio desacompasado le da cierto orden. Y uno necesita orden pa poder, jubiloso, desordenar. Y mañana, a celebrar...

martes, agosto 17, 2004

Es imposible aislarse por completo, no importa en qué mundos andemos, siempre nos llegan reminiscencias de todo lo que ocurre alrededor. Ahí está Atenas 2004: vi un trozo de la inauguración, la mecha encendida, el discurso conmovedor y, como fondo, las estupideces de los comentaristas. Caray, quiero un trabajo así: viajar, sentarme tras un micrófono y decir cuanta imbecilidad pueda escupir mi neurona. Si quieren, hasta me disfrazo de san Plátano y bailo flamenco. Enfin. (Aplausos para Televisa).
Efemérides: como soy treintona tuve la fortuna de ver por TV a Nadia Comanecci, su memorable salida de la barra y el 10 de la perfección. Y sí, todas las niñas queríamos ser Nadia-hada para ir a los Juegos Olímpicos, bonito símbolo de la hermandad, la paz, el juego limpio, blablabla. Y así como Nadia era un hada, existían los Reyes Magos y yo me iría de misionera por ahí. Recordar la inocencia tiene algo de entrañable.
Efemérides 2 y un osito: Antes de que se inauguraran los J.O. Moscú 1980 me tocó ir a USA. Ahí compré al osito Misha. Recuerdo una tienda abarrotada de gente que compraba y compraba objetos. Mi papá me explicó que los jugadores americanos recaudaban fondos para poder ir a los J.O. de Moscú. A esa edad uno tenía la mínima noción de los badboys (URSS) y los goodboys (USA). Del brazo del mentado osito colgaba una etiqueta con la leyenda de estos jugadores deseosos de competir.


La inauguración de Moscú 1980 fue sublime, llena de Basilisa La Sabia: colores, tradiciones y formas tan ajenas que nos provocan asombro. USA no asistió. Yo pensaba que no habían juntado el dinero. No. Simplemente no los dejaron ir. Cuatro años después vendría The Caviar Revenge: el bloque nunca llegó a Los Ángeles y eso que ahí voló un astronauta plateado.
Nos quedan una serie de conceptos utópicos convertidos en slogans de maquinarias infranqueables. El desfile de las delegaciones, unas pequeñísimas y otras monstruosas (¡viva el imperio!) como espejos de verdades que parecieran no importar y el absurdo de querer tapar el sol con una medalla de oro.

domingo, agosto 15, 2004

Del fin de semana multitudinario quedó una pila de sábanas y colchas por lavar, la sensación de torbellino y un calambre de espalda (que no todos los lugares son buenos pa dormir), nada que una buena dotación de pastillas no atonte (casi, casi).
Y se acabó el verano, las vacaciones, o a lo que llaman vacaciones. Yo sigo en esta jija ciudad. Y sí, a ratos me da zozobra. Emulo la taza que tengo a lado y me pongo amargosita. Pero luego se me quita. Y ahora toca recuperar una lista de útiles, misma que guardé con tanto celo que terminó perdiéndose, y a forrar cuadernos y libros. Y este año le pondré una decena de etiquetas con nombre a los uniformes, pa que no se los vuelen, madres -ratas, que el año pasado dos prendas duraron un mes. Semana de escuelita. Eso toca.
Mmm. El café. Ni hablar. Sí ando amargosita (pa acordarme de las madres-roedoras...). Y ahí están las palabras en su salita de espera, leyendo revistas sobre lo que está in y out en linguística. Que esperen sentadas. Les traigo coraje, me quitan el tiempo-billetes. Y hoy, que ando como cafetera, no me sirve ese argumento de la trascendencia y el uy-tan-valiosas-que-son, basta mirar alrededor pa saber qué rige en esta superficie. Lo demás es un quijotito de galleta remojándose en mi café.

viernes, agosto 13, 2004

Menú del día:



Feliz cumpleaños a rax: amiga de bits, amiga de carne y hueso, cómplice de laberintos, mi-lectora-crítica y dosis certera de ubicatex.
Sol pa sus días.

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Hoy llega mi arquihermana y con ella, por un día, tendremos casa llena.
Un día al año la familia que fue, es.
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Y todo queda pospuesto. Por un día. Agosto es azul.

jueves, agosto 12, 2004

Casi siempre tengo algo que decir (que postear): una idea, un recuerdo, una anécdota, un poema; o algo para colgar en este tendedero virtual: desde las imágenes más hermosas (según mi óptica) hasta las animaciones más sosas (pero sabrosas pa mi humor). Estos días no hay nada; y no porque no pase nada. El posteo nunca es proporcional a los sucesos en la realidad no virtual. Podría alegar que estoy ocupadísima. Falso. He posteado cuando en verdad cronos estaba al borde del precipicio. O que estoy de vacaciones. Falso. Mis vacaciones siempre son un artificio.
Sucede que a ratos temo nombrar ciertas cosas por miedo a que ocurran, y otras por temor a que se diluyan hasta extinguirse. Todo es fortuito. Imagino un gran péndulo invisible que se balancea encima de cada uno, unas veces regando cosas y otras tasajeándolas. Y por más que se eleve la vista jamás se descubrirá qué mano-maquinaria-entidad gobierna ese vaivén.
Hace dos noches alguien me preguntó sobre Poe y me pidió una foto. La foto nunca la encontré; a cambio mi disco duro arrojó una ilustración, traspapelada ¿?, de una carpeta que nada tenía que ver. No es aquél péndulo memorable (menos el de mi sinsentido), sino La Casa versión Rackham (¿de dónde la baje?):


A. Rackham