domingo, febrero 12, 2006

Margaritas

Es definitivo, poseo un ridículo lazo con las margaritas; ya antes, hace años, escribí sobre ellas: cuando son flor viva, cuando son de papel, cuando dan forma a las galletitas. Y atesoro la frase memorable de un amigo: He llorado como una margarita...
Yo he soñado con una margarita --o con Margarita o con LA margarita--. En mi sueño me acompañaban dos mujeres: la una --una amiga que en la realidad tuvo un brote sicótico--, la otra --más joven y desconocida-- vestía un vestido blanco corto y ceñido bajo la lluvia. La primera no se mojaba con el chaparrón (yo me mojaba a medias), la segunda escurría feliz. A la primera la miraba de reojo, a la segunda le dije: pareces una margarita.
Al despertar recordé uno de mis "grabados no descifrados", pertenece a la serie de la danza macabra de Holbein:



No sé a quién se le llamaba La Margarita, si a la mujer joven, en general, o a alguien en especial. Creo que la hija o sobrina de Holbein se llamaba así. No sé como cuál de todas las margaritas que conozco lloraba mi amigo, ni porque en mis sueños creo alegorías bajo la lluvia. Tal vez el aljibeño, siempre curioso, vea algo más... o tenga otras margaritas.
**

miércoles, febrero 08, 2006

A veces no se trata de encontrar intereses comunes con el próximo o puntos de vista compartidos con el interlocutor en turno; ni siquiera de descubrir al lector cómplice de nuestras adicciones. A veces se trata del asombro que produce el poseer los mismos recuerdos y no sólo en su calidad de sucedido sino de aquello que atesoramos como lo más importante de toda esa sucesión de imágenes conocida como "el pasado".
Hace días leí un texto de Óscar sobre cotidianidad y recuerdos. En él el autor mentaba a un elefante pequeño, de esos que barritaban en los circos ambulantes los cuales armaban su carpa en terrenos baldíos. Compartí la nostalgia por aquel elefante, por aquellas carpas brillantes que terminaban apagándose bajo una capa de polvo. Compartí lo que creí (creímos extinto).
El fin de semana pasado me despertó un altavoz que provenía de una avioneta. Ante el anacrónico espectáculo agusé el oído para descifrar lo que la voz promovía a los cuatro cientos: Bah --me dije-- un circo.
Hoy pasé frente al inmenso terreno baldío que algunos llaman amablemente Deportivo Las Águilas. Vi la carpa azul, la hilera de casas ambulantes, la taquilla y un espacio cercado en el cual se amontonaban los niños. Ahí estaba el elefante igual de pequeño, gris y polvoso como aquel que creía (creíamos) extinto. Deseé que no existiera distancia de por medio para llamarle a Óscar, para decirle que los elefantes pequeños todavía comen paja en los terrenos baldíos de esta ciudad. Pero sólo puedo dejar que la anécdota flote en este aljibe que anda tan silente.
**

miércoles, enero 25, 2006

Más vale tarde que nunca. El niño muerto me ha encargado esta tarea. Y la cumplo porque gracias a él puedo leer Panero hasta el hartazgo. Estas eran las reglas, y las 5 nuevas personas quedan al libre albedrío de todo aquel aljibeño que no haya respondido la encuesta.
Las reglas del juego:
El primer jugador de este juego inicia su mensaje con el título "5 extraños hábitos tuyos" (o algo parecido).
Las personas que son invitadas a escribir un mensaje en su respectivo blog, a propósito de sus hábitos extraños, deben también indicar claramente este reglamento.
Al final, debéis escoger 5 nuevas personas y añadir el link de su blog o diario web.
No olvidéis dejar un comentario en su blog o diario web diciendo :
"Has sido elegido" y ruegas que lean el vuestro.


Van los 5:

1. Comprar pollo rostizado y no comerlo hasta que, habiéndolo metido al refrigerador, esté helado.

2. Morderme el interior de la comisura interna del labio (la derecha) sin darme cuenta hasta que chupo un limón y me arde como infiernillo.

3. Mantenerme ecuánime en los momentos más perturbadores, y estallar en los más insulsos (es que en los perturbadores mataría con mi cuchillo cebollero).

4. Limpiar como enajenada antes de iniciar un proyecto nuevo, y mientras lo realizo dejo que el muladar cohabite conmigo.

5. Llevar de cuarto en cuarto una taza de café frío aunque no me lo tome. (No sé si es parte del escenario o mi animismo la ha hecho mi mascota).

**

lunes, enero 23, 2006

Tras evocar mi pijama de cuadritos blancos y rosas en el post anterior, dejé pendiente la continuación. Dejé de narrar que, desde mi infancia, una persona se dedicaba a regalarme pijamas año tras año hasta que, hace unos años, se mudó al más allá. Dejé de contar que con su ausencia tuve que aprender a comprar pijamas idénticas a las que recibía como regalo: de tela de punto, 100% algodón; camisones con manga corta y a media rodilla para que no se enreden con las sábanas. Dejé de contar todo esto no porque fuera trivial pues todo lo que aquí flota lo es. Tampoco la falta de tiempo es la razón de peso, ni mi teclado tuerto: ya tengo uno nuevo. Dejé pasar una semana --apenas me percato de la temporalidad-- porque ese impulso, que no musa, incontenible de escribir sandeces anda dormido. Seguramente arropado con todas esas pijamas que se fueron al más allá. Enfin, ¿alguien tiene una pastilla, un jarabe o remedio casero?
*

lunes, enero 16, 2006

Todavía recuerdo aquella noche en la que desperté con la sensación de un calor húmedo en las sábanas que impregnaba aquella pijama de cuadros diminutos blancos y rosas. La sensación de sorpresa y de incertidumbre fue breve porque, mientras aquella humedad se enfriaba rápidamente, hilé mi situación con el sueño ordinario del que acababa de despertar. En el sueño unas ganas incontenibles de mear me guiaban a la sala de baño, ahí el alivio se transformó en una cama mojada.
Era pequeña, la cama aún me parecía un escalón difícil de salvar; pero no tan pequeña como para mojar la cama. Recuerdo que quité todas las cobijas, saqué una manta de un clóset y me cambié, a pesar mío, mi pijama de cuadritos.
Ayer tuve un sueño parecido, la parada en la sala de baño era vital. Sólo que esta vez, dentro del sueño, recordé aquél sueño de infancia. La memoria me despertó y en automático posé las palmas de mis manos sobre el colchón. Estaba seco. Me levanté y fui a la sala de baño tiriteando. Y, mientras observaba el remolino del agua del W.C., me di cuenta que cuando uno deja de ser niño se transforma en un invitado ordinario de los sueños. Los papeles protagónicos son propios de la infancia. Y el colchón seco no compensa la pérdida.
**

lunes, enero 09, 2006

Tal vez el 2006 sea el anuncio de mi alta traición. Tal augurio lo tecleo en una PC, mientras mi MAC imprime planas de un libro. La PC es silenciosa, no así la MAC y su impresora: la primera insiste en sonar coma ardilla jamadora de nueces y la segunda evoca el recuerdo de las máquinas para hacer tortillas que me fascinaban cuando niña. Este teclado es terso, apenas debo apoyar las yemas sobre sus letras. En la MAC escribir es lo más parecido a un goteo de lluvia recia.
Mi equipo, poco a poco, materializa la palabra arcaico. Ahora, este "mouse" con dos botones no me parece tan estúpido (la estúpida era yo al dar clicks desatinados, pero no se lo digan al muy engreído). Y en fin, terminaré frente a este teclado para ahorrarme la artritis unos años.
El ciclo laboral y escolar arranca, mi horario se regula y ya inicié un nuevo proyecto. Traición o no traición todo regresa a su sabio curso. O casi todo.
Por ahí me he topado con uno que otro anuncio, algunos repletos de divinidad: suban la colina y tomen el sendero de las peregrinaciones. Cuando vean un santo resplandecer hagan click (no importa qué "mouse" usen) y lean, tal vez encuentren una nueva grey.
**

lunes, enero 02, 2006



He colgado la iluminación de un fénix con la intención de reconstruir, a partir de su simbología, la idea de "año nuevo". Aquí en la colina las cenizas andan escasas de magia, se limitan a acumularse por doquier sin oficio ni beneficio (o con el oficio de opacar todo, si acaso esto último es un oficio).
Podría ocurrir que al repetir 7 veces la palabra fénix uno vea las cosas de otro color; o bien, si uno logra pintar 9 fénix en 9 puertas distintas (de los vecinos, claro está) sentirá un extraño hormigueo en todo el cuerpo y de súbito se sentirá "renovado". Podría ocurrir cualquier cosa siempre y cuando se realice el rito adecuado que ha de estar en algún libro que no logro encontrar en mis libreros.
Fénix o no fénix va, de todas formas, el deseo de un año iluminado para todos los aljibeños. Y me voy a trabajar... creo.
**

lunes, diciembre 26, 2005

dibujitos

Regresé a mi teclado MAC (siempre tieso) a continuar mis actividades de provecho, aunque creo que aljibear es una escapa de esos aburridos archivos que se quedaron pendientes. Ya no más dulcecitos, ni jueguitos ni desveladas. No más juegos ni más ocios. Retornamos a la seriedad acostumbrada. ¡A trabajar!
Y como prueba de lo anterior he decidido inaugurar una página paralela con caricaturas qu muestren, ilustren y validen mis actos siempre trascendentes.
Sea. Abran la compuerta y si no les vibra hagan lo suyo en gnomz (existe la versión inglés).

pd: todavía quiero regalos.
**

miércoles, diciembre 21, 2005

ocio xmas

Mientras vigilo las diversas ollas donde hierven cada uno de los ingredientes para armar, al final, ese revoltijo suculento llamado Romeritos, les dejo alimento para el ocio. Gracias a la recomendación de Rax, el hijo y yo hemos jugueteado con estas mascotillas virtuales: una maraña de realidad alterna y de jueguitos relajantes, creo...
Me voy a la cocina donde aguarda mi pinche Roderico y el de abajo que saqué de Neopets y ahí los llevará.

pd: quiero regalos.

**

viernes, diciembre 16, 2005

xmas celestial

Roderico llegó a la conclusión de que la navidad no es sin una buena dotación de nieve en el cielo... o en el infierno. Así que, con ayuda de sus óseos sicarios tomó rumbo hacia el supermercado y, monedas de por medio, compró tres bolsas de cubitos de hielo "Iglú".
Bajo una sesuda y militaresca planeación, se apostó (junto con sus sicarios) en puntos estratégicos de la azotea. Espero. Espero. Y, sí, espero.
No bien hubo divisado mi iluminada coronilla, y al grito de ¡nieve!, arrojó cuanto proyectil congelado llegaba a sus larguiduchas manos.



Así, entre cubos de hielo, chichones y moretones he recobrado mi espíritu navideño. Mientras, Roderico&sicarios bailan con gran desenfreno aquello de: "...pero mira cómo beben los peces en el río...".

(En realidad hoy inicio mis vacaciones. Clientes, me fui, me morí, no estoy: soy un cacho de musgo ocioso en el Nacimiento).

**