jueves, octubre 19, 2006



¡Chingue a su madre el mundo! Hoy tengo waffles para cenar. Y hasta puede que mañana me dasayune uno y me a la hora de la comida apile otros dos y viva así, el resto de mis días, sostenida por cuadrículas repletas de mantequilla y jarabe ambarino de maple. Y ellas, geométricas, taparan mis venas, atiborrarán mi corazón y esculpiran bajo mi epidermis cuadrículas similares de sebo suculento. Y seré feliz y moriré feliz y me pudriré feliz y rencarnaré feliz y tragraré waffles de nueva cuenta y seré feliz y moriré feliz y etc. etc. hasta el fin de los tiempos.

martes, octubre 17, 2006

Decidí sacar a pasear a mis golems. Hacía tiempo que los había encerrado en sus cajas. Ahí estaban, esperándome, cada uno recostado en su estuche. Estaban enojados, pero no incómodos. Los interiores de las cajas, acolchonados y coloridos por el terciopelo, les aseguraron un buen descanso. Nunca supe si dormían pues tuve la precaución, antes de encerrarlos, de amordazarlos con tela adhesiva, banditas y diversos papeles pegostiosos que guardo en un cajón de la cocina.
Pero ya están afuera, un poco molestos, un tanto extraviados. Ahora me resta recordar para qué hice tantos. Mientras nos vamos a la tienda de la esquina, ya no tengo cigarros...
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martes, octubre 10, 2006

amor





(Roderico se mira en el espejo. Se contempla. Se embelesa)

Yo: Narcisín, deja de perder el tiempo y haz algo productivo.

Roderico: No quiero. Soy hermoso. Estoy radiante.

Yo: Yep, tanta blancura deslumbra. Anda, ve a lavar los trastes y, de pasadita, me traes un café.

(Roderico no hace caso. Se contempla. Se embelesa y termina besando su reflejo. Sin más, comienza a declamar).

Roderico: Yo me amo. Tú me amas. Él me ama. Nosotros me... ¿¿¿??? (Gruñido)

Yo: ¿Nosotros? ¿A ver? (risitas)

Roderico: Nosotros me... ¿¿?? Bah, ustedes y ellos no me saben amar ¡maaaldiiitooos!

Yo: (risitas miles).


fin
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jueves, octubre 05, 2006

Si pueden asomarse por la ventana (y me refiero a la ventana de esta colina) verán cómo la tristeza del otoño se nos viene encima. Como si no nos bastara con la invernal y la muy colorida, pero igual de mortífera, primaveral. A Roderico le complace, no sé si la tristeza o el frío, y enfin, a él cualquier frío "le cala hasta los huesos".
Hace rato leía un texto de alguien que despotricaba de los partidos, del Estado y demás porque en cierta colonia de esta ciudad los precios de los estacionamientos suben sin control y los locales comerciales se multiplican en alegre metástasis económica. Ciertos intelectuales poseen cierta candidez que, tal vez, los ayuda a escribir hermosos versos o hermosas prosas. Recordé a aquellos poetas que en plena convulsión histórica dedicaron sus dones a escandir versos sobre el amor y la muerte y el yo y el laberinto oído y demás cosas sublimes. Venerados poetas que decidieron esconderse en su torre de marfil. Como premio a su "candidez" se convirtieron en los poetas oficiales. De entre ellos los hay regulares, buenos y asombrosos. Pero al releer su obra uno trata de encontrar, entre líneas, los ecos de todo aquello que no veían, que no querían ver o que, simplemente, no podían ver.
Medito, nuevamente, sobre el texto aquél. Y recuerdo que la ahora gloriosa colonia, sede de la intelectualidad chilanga, fue una zona venida a menos después del temblor del 85: oh sí, todos nos dimos cuenta que estaba defectuosa. Pero los años pasan, y viene la amnesia y esa curiosa necesidad de edificar un feudo. Los precios de dicha colonia subieron y subieron hasta saludar al fantasma de Laika allá en el cielo. Y a las cabecitas "pensantes" de este país les ocupa tener dónde guardar su coche y vivir en un entorno silencioso para que la musa los bendiga.
Ja. Inútiles: vendan su coche, usen el micro y consíganse una choza en el bosque. Y pidan hospitales, escuelas, luz, agua potable y leche pa los pinches chilangos, no sus nimiedades.
Ahí viene el otoño...
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lunes, octubre 02, 2006

Y ocurre que ciertas fechas, ciertas personas, ciertos dichos, ciertas creencias y ciertos "de todo un poco" semejan tortillas sobre un comal. Y no sobre cualquier comal: es un comal elástico que conforme pasan los días abarca mayor superficie. Y ahí, sobre el comal en expansión, que reposa sobre un fuego lento, están las tortillas. Uno las voltea de vez en vez para que no se quemen y sólo se pongan calientetitas. Pero pasan los días y el comal reposa sobre fuego lento y las tortillas siguen ahí, amarillas, redondas, pecosas; de calientitas pasan a ser tostadas y de tostadas pasan a ser circunferencias quebradizas. Y ocurre que ciertas fechas, ciertas personas, ciertas creencias, etcétera, etcétera se convierten en una pila diminuta de partículas. Uno no hace nada, ni siquiera suspira, no vayan a volar las partículas por doquier.
Mejor dejen en paz al comal, al fuego lento y a las tortillas efímeras y vayan al cielo azul que el crucero está a punto de zarpar (cigarrito incluído).
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viernes, septiembre 29, 2006

mal de ojo (erradicado)

Y, a pesar de la ardua jornada de trabajo, al fin decidimos una egregia obra para promover. Él exigió ser un centauro, pero yo no encontré, en los libreros, una entrada de novela-ensayo-cuento-panfleto que citara tal animal fantástico. Sin embargo, se fue contento, casi, casi mugiendo de felicidad. Y va:



pd: Sí, también las vaquitas viven en la literatura. La cita pertenece al Retrato del artista adolescente de James Joyce.

pd: Cuenta saldada. ¡Salud!

martes, septiembre 26, 2006

mal de ojo

Debido a ciertos menesteres tuve que releer este blog, de la A a la Z. Resulta un gran misterio cómo tres años terrestres pueden resumirse en tres años virtuales. O más bien, cómo manipulamos su resumen. Uno recuerda, en lo nunca escrito, ciertos eventos. Uno reconoce actitudes, vicios y presencias. Uno encuentra entrañable conocer gente, sin conocerla, por más de tres años; algún antropólogo tendrá que escribir un tratado sobre las relaciones humanas en bloguilandia.
Y, en mi accidentada búsqueda, descubrí que después de las elecciones circenses de este país el aljibe se colapso. El lector dirá que fue la decidia, la falta de tiempo o de imaginación. Mas el lector no debe llamarse a engaño. No. Fue simple y ancestral mal de ojo. Ahora sé que no debí burlarme del sistema, de los candidatos, de los partidos y de todos los esbirros que apoyan a uno o a otro. Y he aquí mi justo castigo: ¡Pinche aljibe, toma tu mal de ojo!
Ahora que sé de donde proviene tanto silencio he mandado a Roderico a comprar cilantro y epazote para hacer una limpia. Y no sólo eso. Aquí habrá democracia y justicia ¡sí que sí!
Hace varias lunas inicié mi contribución a la campaña de promoción a la lectura. Grandes personalidades asistieron, gustosas, a ofrecer sus efigies para mi propuesta. Mea culpa. Me olvidé de una porque entonces (mayo 2005) no figuraba --entonces hubiésemos dicho y, bien mirado, es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.. Pero, ahora, procederé a enmendar mi falta. ¡Honor a quien honor merece! Mientras mi grupo creativo se pone las pilas, dejo flotar nuevamente aquellos inspiradores afiches:







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lunes, septiembre 18, 2006

El eco del grito

Pensé en seguir con mis alegorías. Pero luego las sentí insípidas y opté por la siempre condimentada autocensura. Y hoy, mi deber-ser alegórico regresó, aunque tengo la certeza de que toda alegoría puede ser convertida en estandarte de cualquier ideología: vayan pues por sus sinuosos caminos ideológicos y tomen el entorno, amásenlo, mastíquenlo, escúpanlo y diseñen sus utopías con este mundo de plastilina.



pd: y pronto, muy pronto, amaré nuevamente a la humanidad, me amarraré un lazo rosa en la lengua (como esa que grita dentro de mi olla express) y diré cosas lindas. Seré miel, jijos...
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miércoles, agosto 30, 2006

Existe cierta urgencia de descubrir señales en el camino la cual se acrecenta en momentos de incertidumbre. Y ahí va uno en busca de señales tal como en la antiguedad se escudriñaba en las tripas de los animales o se decidía el destino si tal o cual ave volaba sobre el horizonte.
Yo busco (cualquiera) y encuentro (también cualquiera); ya sea en la cuadrícula perfecta del menudo o en la paloma que caga sobre mi ventana. Y aún mejor: un día antes de mi cumpleaños el reloj de la cocina se detuvo, no por falta de pila sino porque, ahora sí, feneció. Ya no bastó darle unos golpecitos con la yema del dedo ni girar las manecillas en el sentido opuesto. Sufrió un infarto. Murió. El mismo reloj que recibí como regalo hace 7 años y, ni hablar, ese número siete es tan místico que no podría encontrar una señal más "profunda".
Y exclamo: es una señal.
¿De qué? ¿Para qué? Las respuestas son secundarias. Basta la señal para iniciar la historia, sea aciaga o luminosa.
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jueves, agosto 24, 2006

regresión

Algunos opinan que los años nos hacen madurar, nos enseñan, nos alertan y que los añosos dejamos de cocernos al primer hervor. Patrañas. Los años envilecen: acentúan todas nuestras mañías. Los años debilitan: provocan osteoporosis existencial. Los años se transforman en el emisario de lo que es y no será. Y así...
Pero todo lo anterior no ha de ser mentado. Es sólo la emanación de alguna alcantarilla que alguien dejó abierta al pasar. Ha de ser el hambre, o el estrés, o la edad (sí, así nos justificamos y/o nos hacemos pendejos los añosos).
Mejor prendan la bomba pa' llenar el aljibe, a ver si flotando encontramos el switch a la regresión.
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