lunes, junio 27, 2005

la dimensión desconocida, otra vez...

Existen diversas escenas cotidianas en las que la "desarticulación" posee el papel principal. Mi favorita, por su impacto visual, es la de la pollería donde las manos diestras manejan inmensas tijeras para desarticular pollos muertos.
Imagino el pensamiento, el mío, como un pollo hediondo que, lacio, aguarda el filo del instrumento. Ese diálogo interno, o sea el mío, se ha convertido en pechuga, alitas y muslo con pierna. El canto del pollo ya no es.
Esos trozos inconexos se alejan cada vez más de la unidad primera. Y las víctimas de esta desarticulación son, principalmente, las letras.
Creo que la respuesta al misterio del silencio se oculta en un montón de higaditos y mollejas (claro, del pollo mentado). O tal vez me equivoco y en realidad la solución del acertijo está escrita en alguna receta ancestral con la cual se logra reconectarse con la creatividad entre condimentos, empanizados y salsas suculentas (sí, para el mentado pollo desarticulado).
Mientras tanto tendré que resignarme a ser una pierna sin muslo, o pescuezo de pollo. Y que el silencio siga hirviendo como agorero consomé.
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Y he aquí otra víctima de la dimensión desconocida:


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