viernes, abril 30, 2004


Oso y tigre de Janosh

Cuando mi hijo, el iletrado, leía (más bien, cuando yo le leía) muchas noches fueron noches de Janosh. Después del Osito Polar, Janosh era el favorito. Siempre nos preguntábamos cuál de nosotros dos era osito y cual trigrillo; luego tratábamos de asignar gente real a los personajes de los libros: había ranas, pajarillos, ganso, la liebre veloz y el hombre de la nariz. Siempre cuadraba alguno. Pero los personajes no son fijos; en un mismo día podemos ser dos o tres: dependerá de los sucesos y de nuestra actitud. Hoy, el hijo y yo, somos tigrillo; no hay oso a la vista (por el momento, al rato llega la hija con su humor acidito a darnos el zarpazo). Mientras, nos vamos por un sushi y un regalito (ambas cosas son buenísimas para los tigrillos).
La magia de Janosh, y otros autores, no es el poseer una gran imaginación sino su capacidad de traducir nuestro mundo a otros maravillosos que, lejos de distorsionar la realidad, la re-inventan. Y es en estos nuevos universos donde logramos ver lo que se nos escapa. Y en lo paradójico de estas correspondencias está el asombro que sólo es posible en ciertos libros.

pd: feliz día del niño a nuestros vestigios.

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